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Blog GOBERNATIA

29 dic 2016

TRES A LAS 3: Hatters gonna hate by Victor Camino

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Una de las revoluciones del convulso 2016 ha sido la aparición del nuevo sistema de reacción a los post del Facebook. Si antes el usuario o la usuaria solo podía exteriorizar qué sentía pulsando “like” (o no haciéndolo), ahora le puede encantar, entristecer o enfadar el contenido compartido a través del invento de Mark Zuckerberg. Este avance aumenta el abanico de sentimientos y la precisión de los mismos en un espacio compartido por una buena parte de la sociedad, pero también hace que los hatters se pongan las botas simplificando su odio a la elección de un emoji. En la política 2.0, como en la vida misma, una crítica si es negativa vale cuatro veces más, y la indignación en estos tiempos da más rédito electoral que la pugna ideológica; por ello, los perfiles de Facebook que relatan la actividad política día a día, se han llenado de caras enfadadas.

Las redes sociales son un agente indispensable para comprender el enfado de la opinión pública, sobre todo Facebook, un foro bastante transversal en lo que a edad se refiere. En esta plataforma, fruto de la mayor adaptabilidad, se concentran jóvenes, adultos y personas mayores que huyen de la instantaneidad o rapidez del mundo de los 140 caracteres. Eso sí, aunque no todas las franjas de edad, ideologías o niveles socioeconómicos navegan por la red de la misma manera, sí se comportan parecido frente a la percepción que se tiene del clima de opinión dominante. Según la teoría de la “Espiral del Silencio” acuñada por la politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann, la cultura política digital tiende a hacer que no opinen, o se encuentren silenciados, quienes tienen posiciones diferentes a las mayorías en un determinado espacio, y a emitir un mensaje cuando se busca reafirmar las ideas y no sentirse aislados en un foro de debate. Todo ello supeditado a que en mayor medida se reacciona (o deja de reaccionarse) desde lo negativo.

Un ejemplo para entender estas actitudes se puede encontrar entre los comentarios a las noticias enlazadas en los perfiles de Facebook de diarios como Público o La Razón (para hacer una clara distinción ideológica de la línea editorial). Si en el primero hay una tendencia a desprestigiar todo lo que esté relacionado con la derecha (e incluso de otras opiniones políticas identificadas como establishment) por la reafirmación de las ideas antes comentada, en La Razón ocurre exactamente lo mismo, pero al revés, es decir, todas las informaciones que provienen de la izquierda quedan más que desacreditadas, con una camaradería inusual entre desconocidos que se sienten arropados, entendidos o en mayoría. En las antípodas ideológicas, una parte de los followers de ambos medios de comunicación en la red, lejos de establecer un debate en el que discutir, escuchar o argumentar cuestiones enfrentadas, el intercambio de posturas se convierte en monólogos crispados que rozan el insulto fácil o polarizan el debate sin intención de llegar a ningún acuerdo. El simple hecho de enfrentarse llega a aumentar una autoestima digital que hace sentir mejor al que se suma a un bando en discordia.

El ecosistema comunicativo actual lo ha revolucionado todo, ha abierto nuevas vías mediante herramientas visuales de participación, han conseguido cambiar la forma de relacionar a la opinión pública con los mass media y demás actores significativos. La otra cara genera una participación light cuyo coste es escaso y en la que la sofisticación brilla por su ausencia. Líderes de opinión, cadenas de televisión o partidos políticos, más cuando van a la contra, se han convertido gracias a Facebook en cajas de resonancia de un discurso que hace perder la calidad del debate por seguidismo. Las reacciones de enfado permiten lanzar la piedra y esconder la mano, sentenciar sin garantías y ensuciar la imagen de una política acomplejada, que se olvida muchas veces lo que ha hecho. Un político de cuyo nombre poca gente quiere acordarse decía en tiempos en los que Facebook era aún un espejismo: “A cada insulto, una propuesta; a cada descalificación, una idea; y a cada exageración, una sonrisa”. ¿Propuesta, Idea y Sonrisa serán las nuevas opciones de reacción el año que viene?

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Victor Camino Miñana es estudiante de Ciencias Políticas y Derecho en la UV y en la actualidad está cursando sus prácticas en GOBERNATIA

@victorcaminovlc