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Blog GOBERNATIA

11 nov 2016

“Tres a las 3: Haití i l’ajuda humanitària”

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La (gran) ayuda humanitaria de Haití

Desde el terremoto de 2010 que desoló Haití, han sido muchas las organizaciones de ayuda humanitaria que han prestado asistencia a una región muy castigada, tanto por ser una zona de riesgo de terremotos y huracanes como por su carencia de recursos para prepararse contra los desastres naturales. Sin embargo, la aportación internacional -estimada en más de 9.000 millones de dólares en 2010, según la ONU- no ha sido suficiente para paliar los daños que 6 años más tarde ha dejado el huracán Matthew. Haití no estaba preparado. Haití, el país más pobre del hemisferio occidental, no sabe dónde ha ido a parar el dinero de emergencia.

Son muchas las causas de este problema, pero es necesario destacar la falta de organización humanitaria a largo plazo, la inestabilidad política y el déficit de transparencia de las organizaciones no gubernamentales. No obstante, hay que apuntar que la geolocalización haitiana no colabora en mejorar este aspecto. Aunque está en la isla La Española, al lado de la República Dominicana, no tiene nada que ver con ella ya que la deforestación generalizada que sufre el país supone un aumento de las inundaciones y de las tasas de erosión del suelo -tal y como declara la agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).

Pero, dejando de lado la deforestación iniciada en el período colonial, Haití sufre problemas políticos por la inestabilidad y la corrupción que las tres décadas de dictaduras dejaron a su paso. Actualmente, con unas elecciones pospuestas por el terremoto, el país se encuentra en el puesto 163 entre los 188 países que componen el Índice de Desarrollo Humano de la ONU y está en el 158 de los 167 países más corruptos del mundo, según el índice de percepción de corrupción elaborado en 2015 por Transparencia Internacional.

Unos datos que hacen comprender la falta de confianza que tienen las ONG cuando se ven comprometidas a donar el dinero al Estado para que este lo gestione. ¿La alternativa? Administrar el dinero a través de empresas privadas, entidades que no siempre están a la altura de las exigencias de transparencia exigibles en el ámbito internacional.

No se sabe dónde han ido a parar los recursos monetarios. No hay datos. Hay un vacío sospechoso sobre la destinación de la ayuda. Y, además, no se mira la durabilidad de los cambios generados a partir del dinero internacional, es decir, las soluciones que se incorporaron en 2010 no tienen permanencia a lo largo de los años -no se construyeron mejores infraestructuras para soportar los desastres naturales ni se donaron recursos para que la agricultura soportara las frecuentes inundaciones.

6 años después del terremoto y con el huracán Matthew a la vuelta de la esquina, son más de 60.000 los haitianos que continúan viviendo en casas temporales, con acceso limitado a servicios básicos, como el agua y la sanidad. Las ONG continúan en Puerto Príncipe y el gobierno está convulso. Si el país no se puede hacer cargo del problema, ¿deberán coger la competencia los niveles públicos supranacionales? ¿O será contraproducente?

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Julia Lucas

Estudiante de Ciencias Políticas de la Universitat de València y becaria en GOBERNATIA

@JulsLucas