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21 abr 2017

La democratización en los partidos políticos

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Cuando se le presenta a un estudiante de Ciencia Política la idea weberiana de la Administración Burocrática se suele caer en el error de asociarla solo con la lentitud y dificultad de los procesos administrativos, obviando de esta manera otras cuestiones como la escasa tasa de reposición de las élites o el “amiguismo” en los outputs del Estado.

Ahora bien, ¿puede que esta focalización sea interesada? Puede que sí. Piensa mal y acertarás, dicen algunos. Si se centra la crítica política hacia el interior de la Administración, hacia su cuerpo profesional, se olvida quien la dirige, como la dirige y para quien la dirige. Tendiendo una analogía entre organizaciones burocráticas, los partidos políticos clásicos fueron incorporados a esta tipología, incluso hubo algún teórico de la escuela elitista que lo hizo sobre los primeros partidos socialdemócratas. Si volviésemos a ser desconfiados, diríamos que si la esfera de discusión en un partido no es sobre quien, como y para quién lo dirige, entonces nos volvemos a encontrar con el cuestionamiento de sus miembros; es decir, fijarse de la tropa pero no del cabo.

Flavia Freindenberg (2006) señala que el momento de cambio hacia la “democracia interna” en los partidos políticos Latinoamericanos se produjo solo cuando la desconfianza y el cuestionamiento acaeció sobre los líderes y las organizaciones ya que su legitimidad, fruto de su papel en los procesos de transición a la democracia, había sido incuestionable hasta el momento.

Quizás lo que entendemos cotidianamente en España sobre la cuestión de la “democracia interna” guarda relación con la elección de los líderes de los partidos políticos (y comunmente presidenciables, con la excepción del PNV), pero las prácticas democráticas dentro de los partidos va –o deberían ir- más allá. La autora discute en su artículo que pueda darse la elección directa de los líderes políticos en los partidos, pero que al mismo tiempo, se produzcan negociaciones sin contar con la militancia, se entorpezca la representación de las minorías o que no funcionen los mecanismos de control.

Para Freindenberg, los elementos que definen la “democracia interna” de los partidos políticos son los siguientes:

  • Mecanismos de selección de candidatos a cargos de representación popular (internos o externos) competitivos.
  • Activa influencia de los militantes de base y de los diferentes subgrupos que integra la organización en la discusión y formación de las posiciones pragmáticas, y en las decisiones comunes que el partido tome.
  • Respeto del principio de mayoría, que haga que las decisiones sean tomadas en función del mayor número de voluntades individuales.
  • Control efectivo de los dirigentes por parte de los militantes.

Estos principios establecen medidas que tratan de controlar la acción de los cuadros de los partidos políticos, para permitir así la acción de la militancia de base en los procesos de toma de decisiones del partido. Se trata pues de intentar asegurar la discrepancia, la capacidad de discusión, la posibilidad de representación y la acción de los menos; así evitaría que aquellos que controlen el partido lo hagan sumiso a sus intereses.

Estas consideraciones se sitúan en un paradigma más amplio, como es la democratización de la propia democracia, es decir, que tanto las partes como el todo actúen según la misma lógica. No tiene sentido pues que el sistema actúe de una manera y sus principales elementos –los partidos-, se establecen constitucionalmente como “instrumentos fundamentales para la participación política” (Artículo 6, CE 1978) eviten adoptar esta forma de proceder.

Si analizamos únicamente el caso de la elección del liderato en los principales partidos del sistema político español, nos encontramos con una variedad de modelos: el PP opta por una elección indirecta mediante compromisarios; por su parte, el PSOE ha introducido el sistema de primarias abiertas a los militantes, pero parece ser que la potestad para escoger al candidato del partido a las elecciones generales compete al Comité General, por lo que se sería necesaria su -; Podemos ha optado por un sistema abierto a cualquiera que utiliza las herramientas informáticas tanto para la inscripción como para la votación del candidato (también de los documentos del partido, de la Asamblea Ciudadana…),; por último, Ciudadanos combina la realización de un proceso de primarias abiertas a los afiliados con un método de voto telemático.

elecciones borjaDos son las consideraciones que se pueden hacer sobre los sistemas anteriormente descritos: en primer lugar, el grado de opertura de la votación es una cuestión fundamental ,ya que limita tanto el número como el perfil de las personas que puede escoger al líder del partido –las más restrictivas serían mediante el voto de los delegados, después el sistema en el que participan los militantes y, por último, tendría mayor grado de obertura aquel que permite a cualquier inscrito participar-; en segundo lugar, la otra consideración se centra en el modelo de elección, ya que la utilización de métodos tradicionales en los congresos nacionales (PP) o en los locales de agrupaciones (PSOE) supone que se restrinja el grado de participación hacia la periferia del partido, mientras que las herramientas informáticas suponen la introducción de una barrera digital en la participación política (también podría argumentarse sobre una barrera de renta).

Por último, el perfil del votante –aunque también el relato político- podrían ser las lógicas que jueguen un papel fundamental en el momento de escoger –o cambiar, en el caso del PSOE- el modelo de elección. Un partido institucionalizado como el PP, con un perfil de votante estable, y sin demasiados cuestionamientos internos, parece lógico que opte por un sistema indirecto con participación de los cuadros. El PSOE, con un pérdida importante de votantes en los últimos años, y con la desaparición de parte de su electorado tradicional (cinturones industriales en grandes ciudades, jóvenes…), ha optado por cambiar su sistema abierto a la militancia, aunque habría que preguntarse si busca mayor participación de los suyos o un nuevo electorado. Podemos, en tanto en cuanto se encuentra en pleno proceso de institucionalización, debe ganar legitimidad entre sus potenciales votantes, por lo que su capacidad de participación es una buena herramienta para conseguir atraerlos con su relato y para asegurar su participación en el partido. En su caso, Ciudadanos presenta un electorado más circunscrito que el de Podemos, y tampoco utiliza las primarias en su discurso político, por lo que el método escogido ha sido uno más tradicional.

En conclusión, aunque es necesario el establecimiento de la “democracia interna” en los partidos políticos, también deberíamos preguntarnos hasta qué punto un sistema de elecciones primarias puede ocasionar problemas a un partido político. En el relato político actual se ha argumentado acerca de la radicalización de las bases sobre el electorado, sobre la necesidad de unir territorios y no tratar a todas las personas igual, sobre los beneficios de cada uno de los sistemas sobre el de los rivales… Por todo ello, este tema no va a ser finito, sino que parece que va a tener un largo recorrido, y va a dar mucho que hablar, en el devenir del sistema político español.

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Borja Martínez, estudiante de Ciencias Políticas de la Universitat de València y en prácticas en GOBERNATIA

 BIBLIOGRAFÍA

Flavia Freidenberg. 2006. “La democratización de los partidos políticos en América Latina: entre la ilusión y el desencanto”, en José Thompson y Fernando Sánchez. Fortalecimiento de los partidos políticos en América Latina: institucionalización, democratización y transparencia. San José de Costa Rica: IIDH