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Blog GOBERNATIA

25 nov 2015

Elecciones Argentina 2015: decadencia progresista y fractura social

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Fue la noche de 22 de noviembre, cuándo se dieron por terminados los comicios de Argentina, empezados el pasado 25 de octubre. Los resultados electorales del pasado mes forzaron el ballotage o segunda vuelta, que enfrentaba a Maurici Macri y a Daniel Sciolli, representantes de la alianza Cambiemos y del Frente para la Victoria, respectivamente.

A la cita de este domingo, se llegaba con ambición y ilusión por quienes pedían un cambio de gobierno en favor de Macri, y con miedo e incertidumbre por los partidarios del inmobilismo kirchnerista representado por Scioli. Esto es, quizá, representativo de la campaña electoral de ambos partidos: la alianza Cambiemos realizó una campaña emotiva, apelando al espíritu nacional, con colores vivos, con los típicos discursos sensacionalistas de quién transmite una idea que cree. En cambio, la campaña de Scioli apeló a la grandeza de la nación y a la importancia del pasado kirchnerista, pero no transmitía motivos para el inmovilismo, ni propuestas claras frente a los problemas reales. Su rostro apagado y su estigmatización como “marioneta” de Cristina Kirchner, le pasaron factura.

Claro está que es mucho más fácil hacer una campaña estando en la oposición que salir a defender tu legislatura, pero Scioli no transmitió confianza. Es más, dió la sensación del que arrastra sin pasión un carro con las ruedas desgastadas. En materia comunicativa Macri le ganó la batalla a Scioli mucho antes de que se abrieran los colegios electorales.

Las urnas se abrieron a las 8:00 horas y desde dicha hora, ríos de gente se agolpaban en las puertas de los colegios electorales para elegir jefe de estado, en las elecciones más ajustadas de la historia reciente del país latinoamericano. Con el cierre de los colegios y el escrutinio total de los votos, el resultado fue favorable para Mauricio Macri, que obtuvo el 51’40% de los votos, frente al 48’60% cosechado por los oficialistas representados por Daniel Scioli.

Con más del 80% de participación en los comicios, Macri se convertirá el próximo 10 de diciembre en el presidente de la República Argentina.

A partir del 10 del próximo mes, cuándo Macri tome posesión del cargo, tendrá seguramente que suavizar sus propuestas electorales debido al ajustado resultado en las urnas. Las más sonadas son el control del cepo cambiario, el control de la inflación y el ajuste del gasto público en favor de la liberalización de la economía. El replantear estos elementos económicos tendrá efectos cortoplacistas directos en la economía, y Macri tendrá que analizar si asume el riesgo o no.

El nuevo presidente electo tendrá que hacer frente a todos estos problemas económicos por medio del consenso, ya que el ajustado resultado electoral supone una mayoría insuficiente para legislar sin dicho consenso. Además, en el Senado el kirchnerismo ha obtenido mayoría y ha conseguido el control de muchas provincias, incluida la de Buenos Aires. Habrá que ver como se desarrollan los hechos para saber si la paridad electoral afectará a la gobernabilidad del país.

Fuere como fuere, el cambio progresivo hacia el liberalismo que se está dando en Argentina no acaba en sus fronteras, sino que responde a una dinámica de cambio liberal en la gran mayoría de los países de América Latina, volviendo a la hegemonía que esta ideología tenía durante las décadas de los ochenta y los noventa. Macri bien sabe ésto y además es conocedor de lo que su figura puede suponer a los liberales de América Latina, ya que puede erguirse como un estandarte para las fuerzas de centro-derecha de todo el continente.

De momento, ya han empezado las declaraciones enfrentadas entre los progresistas y los liberales de todo el continente: “hay que expulsar a Venezuela del Mercosur”, afirmaba Macri pocas horas después de su elección.

Es evidente que el cambio electoral argentino, supone o va a suponer, un cambio tanto en el paradigma ideológico del continente suramericano, como en las relaciones internacionales, dónde las fuerzas liberales apuestan por la colaboración con los EEUU y con la Unión Europea.

Si esta dinámica de reajuste de fuerzas en favor de la derecha continua en América Latina, nos saltan al camino una serie de interrogantes que no son fáciles de resolver: ¿Qué pasará con los tratados entre potencias progresistas de América Latina que tenían un carácter contra-establishment, como por ejemplo el ALBA?, ¿Se abrirán las relaciones internacionales y comerciales sin límites a los Estados Unidos y las potencias aliadas?, ¿Se replanteará la política del Mercosur para trazar nuevas líneas ideológicas?

El continente latinoamericano sigue siendo un referente de la izquierda mundial. Organizaciones y tratados de contrapoder y creación de soberanía sin contar con intromisiones extranjeras han hecho del continente un estandarte de la lucha de la izquierda. Es el continente dónde mayor resistencia se ha ofrecido a la ideología global, y como tal, ha tenido que enfrentarse a las peores de las calamidades y difamaciones. Los que nos vimos representados en esas luchas antiimperialistas de antaño, no podemos más que desear el reavivamiento de ése espíritu nacional transversal a las fronteras , para crear órganos de contrapeso al statu quo.

ANDREU MAHIQUES

Estudiante de Ciencias Política y de la Adm. de la Universitat de València y becario en GBN